

No sé muy bien porque, pero intercambiamos un saludo, el me comentó que era de Uruguay, yo le dije que de Venezuela y que iba camino al trabajo, que trabajaba en una agencia de fotografía. Inmediatamente me dijo que tenía un asunto pendiente con el tema de unos derechos de autor de unas fotografías que había realizado y que tal vez podría ayudarle.
Quedamos en que se pasaría por mi oficina para hablar del tema, y así lo hizo una hora más tarde. Se presentó y me contó su historia. Fue un schock para mi, di un salto hacía atrás y se me escapó un grito de asombro con la mano en la boca y todo en cuánto me dijo: "Hola me llamo Moncho, soy uno de los supervivientes del accidente aereo de los jugadores de Rugby en Chile".
Estuvo cerca de 30 minutos largos en mi despacho, yo sentía un grandísimo respeto por todo lo que me estaba contando. No quise entrar en ningún detalle morboso, por respeto y porque nunca había querido enterarme mucho de esa historia, porque siempre me había afectado.
Pero cuando se marchaba por la puerta después de habernos intercambiado tarjetas y correos, sentí que no podía dejarle ir sin antes preguntarle algo trascendental y salí corriendo detrás de él:
Señor Sabella, ¿qué consejo me daría usted para la vida?, me salió sin pensar.
El se quedó pensativo y mirándome con ojos sabios y tiernos, me respondió: Nunca dejes de decir lo que sientes muchacha.
Lo asimilé, agradecí y seguidamente le dije: por cierto ¿a qué se dedica usted hoy en día?, Y me contó que tenía una empresa internacional de ascensores, que tenía clientes en varias partes del mundo y que pasaba la vida viajando en avión.
Dejé que esta última pieza de información calara en mi consciencia sin hacer mas preguntas. Estas se respondían por si solas. Era evidente que este señor ya había pasado por tanto que había perdido el miedo a casi todo y por otro lado valoraba tanto la vida que no iba a dejar de vivirla por lo que le había sucedido. Y si por estadisticas nos fiaramos, sería muy difícil que le volviera a suceder lo mismo.
Hace poco leí algo que decía: "es realmente cuando perdemos el miedo a la muerte que empezamos a vivir la vida". Y pienso que no solo se trata del miedo consciente, sino del qué tambien está sembrado en nuestro inconsciente y en el del consciente colectivo de la humanidad. Miedo a la muerte como quien dice miedo a quedar en ridículo, a envejecer, a perder las riquezas, a la luz, al amor, el éxito, en fin todas ellas distintas formas de morir.
Sus palabras e historia siempre me acompañan desde entonces, la he contado a algunos amigos y familiares, y siempre ayuda a alguien en algún momento de dificultad.
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